En la provincia de Buenos Aires, las precipitaciones tienden a ser más abundantes durante la etapa de transición que sigue al período más cálido del año. Esto ocurre porque el aire todavía conserva el calor y la humedad acumulados del verano, mientras que el aire más fresco del sur comienza a avanzar de manera gradual.
El encuentro entre estas dos masas de aire diferentes genera inestabilidad en la atmósfera. Se forman frentes, zonas de baja presión y tormentas que descargan agua con mayor facilidad. Además, los vientos que soplan desde el este y el sudeste traen humedad del mar, la mueven sobre la llanura y el río, y al chocar con el aire más frío producen lluvias que pueden durar varios días o caer en forma de tormentas.
Durante esta etapa también quedan restos de las tormentas típicas del calor fuerte, que ayudan a que se condense más vapor de agua. En cambio, cuando llega el período más frío del año, el aire se vuelve más estable y seco, con menos choques entre masas diferentes, por lo que las lluvias disminuyen notablemente.
Los especialistas en clima explican que este patrón se repite con frecuencia en la región pampeana. No sucede igual en todos los puntos de la provincia, pero en general la etapa de transición acumula más agua que el corazón del período frío. Se trata de un proceso natural causado por el contraste térmico y la circulación de vientos y humedad desde el océano.
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